
Un libro cortito que se lee en un par de horas, narrado en primera persona, fresco y divertido. Además las ilustraciones que resumen el capítulo son muy buenas. Hay dos en concreto que me encantaron: la del camaleón con los dulces y la del abanico.
Contando su experiencia de una forma sincera, cruda y muy real. Empecé sintiéndome identificada con el comportamiento de su madre, y ya con las dietas y esa sensación de no poder más... Somos muchas así y a veces hace falta leer lo que también les sucede a otras para así verlo y darnos cuenta de que no vamos por buen camino. Porque pesar menos no implica que vayamos a ser más felices.

Y sí, le voy a dar la razón: hay que ser un poquito egoístas, pensar primero en nosotras, en nuestros objetivos y luego ya lo demás. Si no nos queremos a nosotras mismas, ¿cómo va a querernos alguien?
Necesitamos tener seguridad, no es cuestión de kilos, es cuestión de actitud.
No quiero decir con esto que sea un libro de autoayuda o una guía de como perder peso sin perderse a una misma. Sencillamente es ver que hay más gente en la misma situación y que no es tan raro tener ganas de tirar la toalla y gritar a todos que te dejen en paz.
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