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miércoles, 21 de septiembre de 2016

Crêperie Bretonne Annaíck de Valencia

Antes de verano me hablaron de este sitio y hace poco que fui a probarlo. Crepes dulces y salados en un local con una decoración bastante curiosa. 
El Crêperie Bretonne Annaíck es pequeño y está situado frente a la catedral de Valencia, en la calle Bordadores 6 (para reservas: 963.153.524). También está en Vigo, Manresa, Barcelona, Lleida y Girona. 
Tiene un autobús rojo dentro (sí, haciendo de barra, muy original) y en las mesas dejan ceras de colores para que puedas pintar el mantel de papel mientras esperas. Las paredes están repletas de dibujos y hay una lámpara hecha con botellas de vidrio. Es muy curioso.

En cuanto a la atención... fueron rápidos al sentarnos y servirnos, alguna que otra broma, pero nada del otro mundo. No fue uno de esos sitios en los que recuerdas al camarero. 
No sé si es por la ubicación, pero es un poco caro. Las crepes son grandes y completas, pero los 20€ por persona no te los quita nadie (pidiendo una salada, una dulce y un agua).
Las habría probado todas si pudiera, pero me decidí por la Bergère con champiñones, queso de cabra, bacon, crema de leche y cebollino. 
Y por supuesto no me iba a perder el dulce, que no innové mucho y pedí la Choconuts de crema de cacao con avellana.

 









Podéis consultar la carta aquí, sin precios, que se ve que varían de una a otra. Y si os interesa un poco de historia bretona, en su web podéis descubrir el origen de estas tortas bretonas que llamamos crepes.

Establecimiento: 4/5
Servicio: 3/5
Comida: 4/5
Precio: 2/5
Valoración global: quiero volver y probar otras diferentes. Pero gastarme 20€ en cada salida... tendrá que ser una ocasión especial o compartir postre ;)

jueves, 28 de abril de 2016

Mediterránea de Hamburguesas 2, en Valencia

Hace tiempo os hablaba de mi experiencia en Mediterránea de Hamburguesas, pero de su establecimiento de Ruzafa. Hoy os quiero contar cómo me fue en el que tienen cerca del Carmen, porque la experiencia ha sido mucho mejor, e incluso he repetido varias veces.

El local es mucho más amplio, aun así los fines de semana se recomienda reservar (hay dos turnos de cenas: a las 9 y a las 11). Las mesas altas no son muy cómodas, pero las normales es mejor opción, siempre que no te sienten con desconocidos al lado, que eso es algo que a mí no me gusta, prefiero una mesa para nosotros.
El aspecto del sitio parece que se haya quedado a medio reformar, lo que le da el encanto de una vieja fábrica. Incluso en la decoración han mantenido esa temática.

El personal es muy amable, siempre que hemos ido nos han tratado muy bien y han tenido mucha paciencia cuando he ido con gente especial. El único que alguna vez nos ha puesto mala cara es el encargado, pobre avinagrado. 
El sitio está limpio, incluso los baños. Aunque también es verdad que siempre he ido a cenar en el primer turno, no sé cómo estarán más tarde. Lo único que no me acaba de gustar, y que lo hay en muchísimos sitios, es que no tengan dosis individuales de ketchup y mostaza, sino que están en bote encima de la mesa. Hace tiempo que está en marcha una normativa europea que prohíbe la utilización de botes rellenables, todavía no ha llegado con contundencia a España, pero poco le falta. Y es que no sabes qué ha podido hacer el anterior comensal, quién sabe si se ha dedicado a escupir dentro del bote... Supongo que es mejor no planteárselo o no saldríamos de casa.

A mí no me afecta, pero no es un sitio al que puedan ir los vegetarianos, creo recordar que solo puede optar a un plato de toda la carta.
He probado tanto la hamburguesa Dijon (no me ha gustado por el sabor fuerte que tiene) y los dos sandwiches: el de dos quesos (pan tramezzini, jamón cocido, queso cheddar, queso brie y cebolla caramelizada) y el bikini (pan tramezzini, mozzarella de búfala, jamón ibérico y aceite de trufa).
No sabría con cuál quedarme, pero sé que si repito pediré uno de los dos (aunque el bikini da bastante sed después). Eso sí, no se pueden modificar los ingredientes porque ya los tienen montados, no quiero pensar desde cuándo. Por eso sirven tan rápido...

Sandwich Bikini

Las hamburguesas pueden ser de ternera o de buey (o las especiales que son de pescado, pollo, una vegetariana...). Y se puede elegir el tipo de pan: el de siempre de hamburguesa, una coca valenciana (solo es la base, sin tapa) o uno como si fuera pan de chapata rústico. En este enlace podéis consultar toda la carta que tienen.

En cuanto al precio, contando con la bebida y sin entrante ni postre, sale a unos 10 o 12€, los postres están sobre los 5€ y los entrantes sobre unos 6€. Según cuál sea el plato principal la sensación será de haber pagado un precio justo o no. Yo cuando he ido he pagado 10€ por un sandwich y el agua, así que lo veo caro por muy bueno que esté.

Como curiosidad: una vez al año hacen el "Burger Challange". 10 rivales, 60 minutos, 2.5kg de hamburguesa y el premio es tu peso en cerveza Amstel. Aquí os dejo el enlace para inscribirse en la competición (suele ser en febrero...).

Establecimiento: 4/5
Servicio: 4/5
Comida: 4/5
Precio: 3/5
Valoración global: ya hemos ido varias veces y seguiremos yendo cuando estemos por el centro (al de Ruzafa no vuelvo). He llevado una vez a mis padres, y ellos son mucho peores que yo a la hora de comer fuera (es lo que tiene haber vivido toda la vida en el negocio de la restauración), y han salido contentos.

Gracias a mis Locuelas por llevarme para que le diera una oportunidad. Sé que sacrificáis la dieta para que GastroTurismo tenga reseñas ;)

lunes, 7 de marzo de 2016

Rest. Molino Bajo, Monreal del Campo (Teruel)


























Hoy nos vamos un poco más lejos, a un hotelito rural situado en Monreal del Campo (Teruel). Un antiguo molino reformado que se ha convertido en un lugar con mucho encanto. El Molino Bajo tiene pocas habitaciones y un comedor pequeño, pero es perfecto para alejarse y desconectar.

Aunque al entrar todo parece perfecto y el ambiente maravilloso, tiene varias pegas. Las plantas están casi todas secas y muertas, y el mobiliario de la parte de cafetería y restaurante no casan con la temática rural. las habitaciones no puedo opinar porque no las he visto. Eso sí, está limpio, recogido y, en nuestro caso, la atención fue muy personalizada (estábamos completamente solos). Es todo muy casero, no hay uniformes y solo están la pareja propietaria. 
El restaurante tranquilo y espacioso, con música de fondo y se está muy bien siempre que no se dejen la puerta que conecta con el bar abierta. Los centros de mesa me parecieron curiosos, hechos con botellas de vidrio y decoradas con espigas segas. Las vistas que teníamos eran campos, nada de asfalto.

En cuanto a comer. Está la opción de carta (elaborada, variada y bien de precio) o el menú del día, que no está escrito en ningún lado, sino que te lo dicen, y eso para nosotros pierde muchos puntos. Además no daban muchas opciones: 3 primeros y 3 segundos.


Nos decantamos por el menú del día:
- De primero berenjenas rellenas. Con exceso de bechamel, pequeña pero caliente, rica y recién hecha.
- De segundo: rollito de lubina con espinacas y queso (el pescado estaba seco, la presentación muy mona y las espinacas muy ricas). Pechuga de pollo con salsa de miel y mostaza (la salsa muy buena y era insuficiente, algunos trozos de pollo un poco secos y había demasiada cebolla).
- El menú es postre o café, no entran las dos cosas. Escogimos unas natillas (con demasiada canela, faltaba la galleta y muy poca cantidad) y una tarta de chocolate tipo mouse (suave, rica pero porción justita).
- Café e infusión, me gustó porque no era de bolsita.
- Las bebidas eran grandes (ojo, los refrescos no entran en el menú) y una cestita de pan con 5 trocitos.

No salimos con hambre, pero podríamos haber comido más. Las cantidades eran algo escasas.
En cuanto al precio: 11.50€ el menú (a parte pagamos el café, el té y el refresco). En total para dos nos salió por 27€. Caro para lo que comimos.





Establecimiento: 3/5
Servicio: 3/5
Comida: 3/5
Precio: 3/5
Valoración global: volvería a tomar algo o merendar para estar en el saloncito tan cuco que tienen, pero no para comer en el restaurante.

martes, 9 de febrero de 2016

Bacco d.o.c., en Valencia

Nos vamos de cena romántica al centro de Valencia, en el barrio de Carmen. A un italiano que llama la atención desde el primer momento por su decoración. Se acerca San Valentín y es posible que algún incauto caiga en la tentación de reservar mesa en Bacco d.o.c., así que mejor os pongo en antecedentes.

El restaurante está en la calle de los Derechos, 29. Es muy fácil de encontrar y engaña a primera vista. Hasta que no estás dentro sentado y te fijas en los pequeños detalles, no ves lo dejado que está. 
Algunas partes de las paredes rota y con el corcho a la vista, agujeros en el suelo (cuidado con los tacones si os toca comer en la planta de arriba) o unos baños más propios de un pub cutre que de un restaurante caro.
El ambiente muy romántico, luz tenue, una vela en la mesa y la sensación de estar en una cueva. Pero apenas hay espacio entre las mesas. Si te toca como a nosotros la primera, tendrás todo el rato a los camareros pasando por detrás y dándote golpecitos.
El servicio amable y rápidos, pero tampoco nada del otro mundo. En cuanto a la carta... la que nos dieron a nosotros no tenía nada que ver con la que aparece en internet. Muy escasa, para ser una pizzería solo tenía 3 pizzas a elegir. (Aquí podéis ver la carta que no nos dieron a nosotros).

Y ahora llega nuestra gran decepción: la comida. Para picar pedimos un carpaccio de pulpo, que había más plato que comida. Me dicen que es pulpo y no me lo creo, el sabor era a mar, pero nada que ver. Una decepción.
El plato principal ya puso la guinda. El entrecot (llamado Tagliata con Rucola e Grana Padano) estaba frío, poco hecho y ya cortado. 
En cuanto a la pizza Bacco solo puedo decir que no la terminé, y no precisamente porque fuera grande, sino porque estaba tan salada que era imposible continuar comiendo.
No nos atrevimos con el postre, y eso que al llegar pensé en acabar la cena con un tiramisú, pero se me fueron las ganas de seguir pagando por comer mal. 
Nos fuimos con hambre y con la sensación de haber malgastado 47€.

Establecimiento: 3/5
Servicio: 3/5
Comida: 1/5
Precio: 2/5
Valoración global: no lo recomiendo para nada.

martes, 12 de enero de 2016

Rest. Piedra Vieja, en Nuévalos.

Como os comentaba en otra entrada, al visitar el Monasterio de Piedra tenemos un par de opciones para comer y nosotros escogimos la más económica. 
El restaurante Piedra Vieja está situado a la entrada del parque natural, casi enfrente de la tienda de regalos y las taquillas.

Es un local muy amplio con cafetería y restaurante. La decoración muy sencilla y típica aragonesa, acogedora y un poco vieja. Está limpio, el espacio entre las mesas es escaso y aunque no hay televisión ni hilo musical, el ruido ambiental era molesto. En verano normalmente está lleno con grupos de excursiones y no es el mejor lugar para comer, sería más conveniente bajar al pueblo (que además el menú es un poco más barato).

Sea como sea, aconsejo paciencia, ya que el servicio rápido no es su fuerte. Aunque nos sentaron al momento de pedir mesa, tardaron cerca de media hora en preguntarnos lo que queríamos y lo hicieron con prisas. Esa fue la tónica de toda la comida. 
Un punto a su favor era que los camareros llevaban uniforme, lo que no implica profesionalidad. La señora que nos atendió parecía no solo tener prisa, sino también estar cansada de su trabajo.

Hay dos opciones: comer a la carta o menú del día de 13,75€. Nosotros elegimos el menú: para elegir entre 4 primeros y 4 segundos, con pan, agua y postre incluidos. Los platos son abundantes.

De primero elegimos: migas con huevo y uvas, y judías blancas con codorniz estofada. Todo muy rico y abundante, casi habríamos comido solo con esto.
De segundo: íbamos a pedir la trucha, pero vimos que los de la mesa de al lado se la habían dejado casi entera. Así que escogimos pollo asado con lionesa de champiñones (recalentado y seco) y escalope milanesa (tenía un sabor extraño pero estaba jugoso, servido con patatas fritas y pimiento rojo).
El postre: nos decantamos por unas natillas monjiles que estaban muy buenas, mucha cantidad y en vez de galleta tenía una magdalena puesta.

Establecimiento: 3/5
Servicio: 2/5
Comida: 2/5
Precio: 3/5
Valoración global: mejor bajar al pueblo y probar suerte allí.

Más información y carta completa aquí

martes, 15 de diciembre de 2015

Asador Las Espuelas (Calamocha, Teruel)

Nos vamos hasta Calamocha, un pueblo de Teruel, para conocer el Asador Las Espuelas (N-234 km17). Unas antiguas caballerizas reformadas para convertirlas en restaurante. Por lo que me han contado, antes sí tenía el encanto de parecer que se comía en una cuadra de caballos, pero ahora es un sencillo restaurante de carretera que se ha quedado viejo. También tiene una zona para aparcar muy amplia y no tiene WIFI.

La primera impresión no ha sido buena, pero por lo menos el sitio estaba limpio. Aunque era viernes a medio día solo fuimos cuatro comensales, según el chico que estaba allí era el peor día de los últimos meses (lo dudo).
Para empezar lo familiar está bien, pero no en exceso. Que un niño de unos 9 años sea el encargado de poner la mesa o servir la bebida, no me parece apropiado. Sobre todo cuando su padre estaba apoyado con el móvil en la barra diciéndole que nos atendiera.
En cuanto a la carta... no hay. Directamente te lo "cantan" y ya te apañarás si te acuerdas del primer plato. Acabas pidiendo lo que pillas al vuelo. Sí que había variedad a la hora de elegir entre primeros y segundos.

Un punto a su favor fue poner pan con tomate para picar mientras esperábamos la comida. Lo malo era que el pan recién hecho bien, pero al rato no se tragaba. En cuanto a los platos principales la cantidad era la justa y bastante simples. 
De primero elegimos: sopa de cocido (que no estaba caliente pero sí buena) y una ensalada (variada y el aliño separado) .
Las pocas ganas de trabajar se notaban, ya que antes de recoger los platos del primero ya nos trajeron los del segundo y se lió un poco el hombre para dejar unos y coger otros. 
De segundo: pinchos morunos (solo dos pequeños y fríos, aunque de sabor buenos) y un muslo de pollo (a la brasa, con saber a hierbas). Acompañando un puñado de patatas fritas.

Antes de que llegáramos al postre, los dueños se pusieron a discutir en la cocina y el que nos atendía se fue y no volvió. La chica que salió a recoger los platos no supo decirnos si el postre estaba incluido (al final sí lo estaba y nos lo sirvió muy bien). Pedimos: natillas (que parecían caseras, pero no estamos muy seguros) y mousse de fresa (sin sabor a fresa y la textura no era de mousse).

El café y la bebida se incluyen en el menú, del que no supimos el precio hasta que pagamos la cuenta. 12€ por persona que me parece excesivo para lo que comimos, como mucho vale 8€.

Establecimiento: 2/5
Servicio: 1/5
Comida: 3/5
Precio: 1/5
Valoración global: mejor buscamos otro sitio y no repetimos.

martes, 23 de junio de 2015

Reto 28. Cenar en un restaurante árabe

Hacía que quería ir a un restaurante árabe y necesitaba una buena excusa. Así que gracias a mi benefactor, que al pobre lo llevo frito, pude cenar en L'Oasis.
Un restaurante de Valencia ubicado en la calle Matemático Marzal 9 que se define como la cocina de las mil y una noches. Cocina y cultura árabe en un local pequeño y decorado al detalle (incluso el techo).


Además de probar varios platos típicos, pudimos disfrutar de un show de danza del vientre que duró tres canciones. La carta tiene bastante variedad para elegir, aunque nosotros nos decantamos por el menú degustación que estaba todo buenísimo y os lo recomiendo si no tenéis experiencia en estos manjares. Es muy completo.



La experiencia me gustó, nos lo pasamos bien y nos atendieron genial. Son muy amables y están pendientes de todo, aunque también puede ser porque éramos poquitos. Aunque cené muy a gusto, es un tipo de comida por la que no volveré a dar la lata. Ya puedo decir que he probado Briwat, Hummus, Falafel, Fatoush, Cous-cous de pollo, Lahmme mshuieh y surtido de dulces árabes.


Podéis encontrar toda la información del restaurante L'Oasis en su página web.