
La comida es casera y con una carta extensa en tapas.
El personal agradable (me llamó la atención que una de las camareras no hablaba español), y la decoración del local es del estilo que a mí me gusta. La única pega es quizás el ruido, al ser pequeño las mesas están bastante juntas y cuando se llenó teníamos que hablar a gritos casi.
Nosotras escogimos 5 entrantes y salíamos a una pieza cada una, para probarlo todo está muy bien. Camembert frito con salsa de frutos rojos, mousse de pato con mermelada, crujiente de langostinos con patata, ensalada de jamón y queso de cabra, y unas patatas con bacon y queso.
De plato principal ponen en el centro una bandeja para compartir, nosotras elegimos el solomillo, con pimiento verde y patatas fritas. La carne estaba tierna y de sabor muy buena, además calentita.
Y por último el postre... Calabaza asada, tarta de queso, tarta de chocolates, tiramisú y natillas. A mí el único que me gustó fue el de queso, el resto para mi gusto estaban muy fuertes de sabor.
Establecimiento: 3/5
Servicio: 4/5
Comida: 4/5
Precio: 4/5
Valoración global: es un sitio al que volvería, para así probar más tapas, porque hay muchas para elegir y me he quedado con ganas de saborear algunas...