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sábado, 21 de febrero de 2015

Reto 40. Ir a los carnavales de donde sea.

Aprovechando que cumplía el reto 36 disfrazada de abeja, me he ido al Gran Desfile de Carnaval en Russafa. No podía permitirme viajar a Río o Venecia, así que habrá que conformarse hasta que me toque la lotería o un alma caritativa me regale el viaje (ahí lo dejo, por si cuela...). 

Aunque el desfile duró unas 4 horas (desde las 17.00h), solo aguantamos una y media. El frío y el viento no son buena compañía. Además teníamos que repartir la tarde para no perdernos el Desfile del Año Nuevo Chino. Se nos juntaba todo.

Gracias a LoveValencia por darme la idea, si no fuera por ellos no me habría enterado de este desfile. Y mil gracias de nuevo a Ida, que me grabó y acompañó toda la tarde.

La calidad del vídeo no es maravillosa, la fotografía no es lo mío y la cámara del móvil no es que ayude mucho, pero dicen que la intención es lo que cuenta.



Reto 36. Disfrazarme de abeja.

Muchos de los retos que me he propuesto son muy especiales para mí. Este en concreto es muy personal y sé que a mi madre le hacía muchísima ilusión.

Allá por el año 1991, cuando apenas levantaba un palmo del suelo, mi madre me disfrazó de abeja. En realidad éramos una pandilla, todos de la misma edad y nuestras madres eran amigas. Todos los años nos disfrazaban en Carnaval y siempre ganábamos algún premio en el desfile. Debo reconocer que se superaban cada vez y trabajaban duro para que nosotros pasáramos unos días inolvidables. De setas, pájaros, muñecos de nieve, extraterrestres, lámparas, yogures... todos iguales o variando los colores (o los sabores). 
Recuerdo muchas tardes de pruebas en las que acabábamos llorando y liándola parda. El cansancio y el frío en la calle, los nervios de nuestras madres, mil fotos... esas cosas que solo recuerdas con cariño cuando te haces mayor.

Por eso, 24 años después, quería disfrazarme de abeja. No ha podido exacto, tampoco me lo ha hecho mi madre, pero la esencia permanece... 
Gracias Ida, por patear media ciudad con una abeja a tu lado y ¡ponerte orejas para que no me sintiera rara!